dilluns, 10 de setembre del 2012

NOVELA Capitulo 5


5

 

Otra de las buenas inversiones que se realizaron en aquel período fue la de la creación de la empresa de manufacturados de piezas de plástico industrial que se denominó GREISMAN PLASTICA, S.A. y que, siguiendo la fórmula ya comentada para el reparto del capital ente los hermanos Greis, se adjudicó un 55% a Don Jorge Greis, un 30% a Don Adolfo Greis y el 15% restante a su hermana Doña Amelia Greis. Esta empresa se fundó con una aportación de cinco millones de pesetas por parte de Industrias Greis, S.A., -Por cuestiones jurídicas y fiscales se había procedido a la transformación de la empresa en Sociedad Anónima, en lugar de Sociedad Limitada, prácticamente por imperativo legal y para poder ampliar el capital social a cuantías más acordes con la realidad y para contentar, hasta cierto punto, a las Entidades Bancarias que consideraban que el capital social de Industrias Greis era demasiado pequeño para la envergadura real de la Empresa.- (como se puede observar los repartos de beneficios se seguían efectuando de forma muy poco ortodoxa).

Naturalmente, como Administrador Gerente único, fue nombrado Don Jorge Greis, quien como veremos más adelante, sin demasiado esfuerzo, consiguió hundir la empresa y cargarle otro muerto a Industrias Greis y ayudar a arrastrar la empresa a su final.

La incompetencia y la holgazanería del citado Don Jorge, llevó a Greisman Plástica a situaciones límite. Recuerdo que, en cierta ocasión, a finales del año 1977, nos lanzó un S.O.S., indicando que no podía soportar más la degradación de la empresa, de su empresa y que debíamos ayudarle financieramente para intentar resolver o aplazar sus gravísimos problemas de tesorería.

En realidad, la historia comienza un par de años antes, en los que Don Santiago Noval, a la sazón Encargado General de  Greisman Plástica y, realmente, el único que conseguía mantener la imagen de la misma gracias a su reconocido prestigio en el mundo de las industrias manufacturadoras de plásticos industriales, ya venía quejándose, en múltiples ocasiones tanto a Sadurní Diumenge, como a mi mismo, e incluso a Don Adolfo Greis, por la forma en que su hermano Jorge llevaba el negocio ya que, como el perro del hortelano, ni hacía ni dejaba hacer. Incluso en una de mis periódicas visitas a  Greisman Plástica, me llegó a comentar que estaba buscando trabajo en alguna otra empresa del sector pues no podía aguantar más su situación laboral y la pérdida de prestigio de su persona que significaba.

Pues bien, llegó el momento crítico y nos presentamos en la fábrica los señores Adolfo Greis, Balduera, Diumenge y yo mismo, para tratar el tema y recabar la información que nos permitiera saber cual era la situación real de la Empresa.

Después de los saludos normales entre todos nosotros se entabló el siguiente diálogo:

-                      Jorge: ¿Realmente cuál es tu situación?.¿Dispones de algún balance reciente?, preguntó Balduera

-                      No, no tengo ningún balance actual, el más reciente de fin del año 1976. (esto se producía en septiembre de 1977) En cuanto a la situación creo que es difícil pero no desesperada.

Los presentes dejamos escapar un suspiro de alivio ya que creímos que con una relativamente pequeña ayuda, tal vez se podría resolver el problema, pero con una cierta desconfianza seguimos preguntando:

-                      ¿Cuánto es el importe que precisas y para que fecha?. Pregunté, tal vez de forma un tanto ingenua.

-                      Lo cierto es que necesito para MAÑANA SABADO, unos dos millones y medio de pesetas para el pago de la nómina y para el lunes preciso dos millones más para cancelar un crédito que vence y ya es su segunda renovación y que está avalado por mí personalmente.

Ante estas cifras nos miramos con sorpresa. Prácticamente la deuda inmediata ya era superior al capital social, pero, y esta era la inmediata pregunta, ¿Cuál sería el total de las deudas?. ¿Cuánto se debía a los proveedores? ¿Había otros créditos pendientes? ¿Si los había, de que importe eran? El torrente de interrogantes no amainaba. Nos quedamos estupefactos, sin saber ni que decir, ni como reaccionar.

Mi pregunta siguiente, temiéndome ya lo peor, fue:

-                      ¿Se han hecho “pelotas”.?¹[1]

-                      No, jamás se ha hecho una “pelota”

Bueno, pensé, ya es algo, la capacidad crediticia estará bien y aún podremos conseguir, moviendo adecuadamente los hilos, algunos créditos a largo plazo, créditos hipotecarios, no olvidaba que el edificio y el terreno de la fábrica eran de propiedad, o pólizas de crédito personal, etc. En mi cabeza bullía un sinfín de posibilidades que, en un contexto normal hubieran permitido salvar el bache. Pero aquí no había terminado todo. Lo peor estaba aún por llegar.

         Balduera propuso que se estudiase la situación en el próximo Consejo de Administración de Industrias Greis y de conformidad con tal análisis, ver la mejor manera de solucionar el problema determinando el remedio más adecuado para poner fin a la crisis y salvar la Empresa.

Nos despedimos y regresamos cada uno a su oficina, con la cabeza llena de dilemas y sin ver muy clara la solución.

A pesar de cuanto nos había dicho Don Jorge, yo no estaba tranquilo, había algo en el ambiente que no olía bien, se notaba un tufillo a que no era todo tan claro, tan sencillo como parecía. Durante el viaje de regreso en el coche se lo comenté a Balduera:

-                      José María: ¿Tú crees que nos ha dicho todo lo que realmente pasa? No he quedado muy convencido y me da en la nariz que hay un trasfondo mucho más grave y que esto podría ser el desencadenante de una suspensión de pagos o de algo peor. ¿Tú como lo has visto? ¿Tienes la misma sensación?

-                      Mira Jeroni, no he querido decir nada allí pero... lo cierto es que estoy de acuerdo con tus sospechas. La cosa está mal y creo que vamos a pasar por muy malos momentos. Jorge Greis nos la ha jugado a todos.

Ambos callamos y yo me dediqué a admirar el magnífico paisaje otoñal que se nos ofrecía a través de la ventanilla del automóvil. Hacía una temperatura muy agradable y era muy relajante aspirar el aire cargado del olor a la hierba aún muy verde, después del chaparrón que había caído mientras asistíamos a nuestra conferencia. El sol se empezaba a ocultar tras las montañas y nos bañaba con aquella luz maravillosa del atardecer en la comarca del Vallés Oriental, en que los verdes son más verdes, los amarillos más vivos y el azul del cielo aparece más límpido. Se disfrutaba de una rara calma, hasta parecía que el ronroneo del motor del automóvil era más suave. Es algo que recuerdo especialmente por la agradable sensación de bienestar que me invadió que creo era el resultado del contraste con la enorme tensión soportada breves momentáneos antes.

Al cabo de una hora más o menos, llegamos a las oficinas de Industrias Greis y en aquel momento desperté de nuevo a la realidad. El problema que había recaído sobre mis espaldas era encontrar, en solo unas horas y teniendo en cuenta que se trataba de un viernes a las ocho de la tarde, aquellos cuatro millones y medio de pesetas, de forma que no nos afectaran a nuestros pagos inmediatos y a la solvencia de Industrias Greis.

Me puse a trabajar febrilmente, llamé por teléfono a mi casa y le dije a mi mujer que llegaría tarde. Me respondió que ya lo imaginaba si le llamaba a esas horas. Nos sentamos Balduera y yo para analizar nuestra propia situación financiera buscando recursos que no estuvieran afectados a corto plazo ya que de lo contrario la situación se nos podía revolver en nuestra contra. Estuvimos trabajando hasta muy tarde y pudimos ver que mediante unos traspasos de fondos y unas remesas de letras de cambio que guardábamos en cartera, con vencimientos superiores a los noventa días, podríamos detener el primer golpe y más tarde evaluar definitivamente la situación y buscar los remedios pertinentes para salvar el bache.

Decidimos dejarlo así y a pesar de que los sábados eran festivos para todos nosotros ir por la mañana y preparar toda la documentación para que se pudieran efectuar los traspasos de fondos de los dos millones y medio más urgentes y dejar ya preparado el resto para proceder el lunes a realizar las remesas de letras y los demás documentos necesarios `para el buen fin de la operación.

Al salir eran ya pasadas ya las doce de la noche y había refrescado algo la temperatura y al entrar en el coche me quedé unos momentos pensativo, repasando toda la película de los hechos y vi claramente que se había iniciado el imparable proceso de declive de las industrias y negocios de la familia Greis.

 

El lunes por la mañana amaneció un día gris, el cielo estaba muy encapotado, típicos nubarrones de tormenta del mes de septiembre en la costa mediterránea, con esa sensación de electricidad en el ambiente y, no pude por menos, que asociar el tiempo meteorológico al que nos tocaba vivir con la situación que se había producido en la Empresa. Al llegar a mi oficina llamé de inmediato a mi más próximo colaborador, El Jefe Administrativo Sr. Llacs y, de forma muy sucinta, le expuse lo que había pasado y la “solución”, así, entre comillas, que se le había dado.

El hombre se puso las manos en la cabeza y con gesto preocupado me dijo:

- Sr. Jeroni, ¿Ya recuerda Ud. que guardábamos esos fondos para abrir los créditos documentarios necesarios para solicitar las importaciones que tenemos pedidas por el Departamento de Compras?

- Sí amigo Llacs, sí. Ya lo recuerdo. Pero lamento tener que decirle que hemos entrado en una dinámica de dificultades que nos llevará muy lejos y no precisamente por senderos de rosas.

- Pero, Sr. Jeroni: ¿Ud. cree que es admisible dejar colgada a esta Empresa por culpa de la incompetencia de otras personas ajenas a la misma?

- Sr. Llacs, le agradeceré que no haga juicios sobre la incompetencia o no de Don Jorge. Le dije en un tono desabrido y duro. Ud. desconoce las causas que han motivado este problema y nos es nadie para poder juzgar a otra persona y menos a Don Jorge. Le ruego no repita frases de este estilo y limítese a cumplir con lo que se le ordene como es su obligación. Y con un tajante –Buenos días- di por finalizada la conversación.

 

Con estas duras frases despedí a mi colaborador, a sabiendas de que quien no tenía razón alguna para hablar de aquella forma era yo mismo. Pero creí que debía de imponer esta especie de coraza, de falso blindaje, para impedir que se vieran involucradas en este affaire personas que no tenían ninguna culpa, como podía ser el propio Sr. Llacs.

Pasaron algunos días y, parecía que realmente se había solucionado el problema y que lo único que quedaba era esperar y estudiar de qué forma se podía conseguir que las cantidades prestadas pudieran ser devueltas, con la mayor celeridad posible a Industrias Greis.

Aproximadamente a los quince días de estos acontecimientos propuse tener una reunión en la que tratar en profundidad el tema  de GREISMANS, y para ello convocamos una Junta del Consejo Directivo, a la que asistieron los señores Joseph Greis, Jorge Greis, Adolfo Greis y Jaume Comps, éste en representación de su esposa Doña Amelia Greis, además de los señores Balduera, Diumenge, Farmas, Noval y yo mismo. También asistió, como asesor, Don Jordi Salses, asesor económico-fiscal de la Empresa.

En esta reunión tomó la palabra, en primer lugar, Don Santiago Noval quien inició su parlamento con una clara exposición de la situación de GREISMAN. Empezó diciendo:

-                      Señores: Me conocen ustedes bien y saben que no voy a cargar las tintas en beneficio propio, solo voy a intentar que conozcan la situación real de GREISMAN PLASTICA, S.A. y dejando aparte los gravísimos errores que se han ido cometiendo a lo largo de estos años y cuya enumeración no nos va a solucionar nada, quiero significarles que si queremos salvar la Empresa es imprescindible que se tomen, hoy mismo, las decisiones oportunas que permitan:

1.     Se inviertan unos cuantos millones de pesetas en mejorar el parque de maquinaria que es totalmente obsoleto y como consecuencia de ello nuestros costes son superiores a los de la competencia. Precisamente por ello, resulta que Jorge, no se atreve a dar los precios que debiera ya que sabe que perdería a los clientes y con ellos la facturación mínima necesaria para mantener este aire de normalidad, pero ello es siempre a costa de perder dinero en todas y cada una de las operaciones que efectuamos y, señores, sinceramente, si él no sabe o no quiere hablar claramente, lo hago yo para decirles que la situación es insostenible y por ello pido que.

2.     Se nombre un nuevo Administrador-Gerente, Director General, o equivalente, que tenga ganas de trabajar y conozca el mundillo industrial en que nos movemos con lo que podríamos volver a presentarnos ante algunos clientes que ya se han perdido, por no atenderles debidamente, -la falta de dinero impide comprar la primera materia y por ello los plazos de entrega se demoran en demasía e intentar recuperarlos, evidentemente con nuevos precios y nuevos márgenes de beneficio y no con pérdidas como se hace actualmente.

3.     Reestructurar la Empresa y reducir la plantilla, estableciendo tres turnos de trabajo en lugar de tener, como ahora,  uno solo, lo que obliga a la realización de horas extras que encarecen la producción sin solucionar el problema.

4.     También habrá que invertir algo en la modificación de  algunos moldes y en otros hablar con los clientes para proponerles o moldes nuevos o aumentos considerables de precios, ya que la situación en que se encuentran ya es francamente ruinosa y de esta forma no se pueden inyectar las piezas ya que tienen un coste enorme en su repaso y desbarbado, amén de que un porcentaje muy elevado debe rechazarse por no cumplir las especificaciones y tolerancias de los planos.

Y siguió diciendo:

La situación real es de una quiebra que me atrevería a calificar de casi fraudulenta y por lo tanto no se puede ir con una política de paños calientes, hay que tomar muy en serio el problema, atajarlo y aplicar las soluciones precisas y eficaces.

Debo decirles que, caso de que no se acepten estas propuestas, presento, desde este mismo instante, mi dimisión irrevocable. Espero sabrán comprender mi postura y les dejo para que puedan decidir con plena libertad lo que crean más conveniente para sus intereses. Mis condiciones quedan dichas. Buenas tardes a todos.

 

         Seguidamente y sin más comentarios,  se levantó y, con paso un tanto ceremonioso, abandonó la Sala de Juntas.

Ante esta escueta pero muy clara exposición de necesidades y, por ende, de las causas que habían llevado a tal situación, Balduera y yo, nos miramos y sin mediar palabra, estuvimos de acuerdo en que era realidad aquello que nos temíamos y que habíamos comentado en el viaje de vuelta de la primera reunión celebrada en Greisman Plástica. La empresa estaba tocada de veras y sería muy difícil, por no decir imposible, reflotarla.

A continuación tomó la palabra Don Joseph Greis, quien visiblemente excitado e irritado, preguntó directamente y sin rodeos a su hijo Jorge:

-                      Jorge: ¿Es cierto cuanto ha dicho Noval? y, no quieras intentar dorar la píldora con una respuesta ambigua, pues sé que él, y recalcó el pronombre, jamás me ha engañado. Responde.

-                      Papá, sí, todo lo que ha dicho es cierto, pero no es culpa mía, él también tiene culpa, pues yo había depositado toda mi confianza en su gestión y me siento traicionado, pues hoy me encuentro ante este problema casi sin comerlo ni beberlo. Mi falta, en todo caso, es no haberme dado cuenta antes de lo que pasaba...

-                      Calla, calla, le interrumpió Don Joseph, no empieces escurrir el bulto. Estás representando una burda comedia en tu defensa y ¡Basta¡ Ya he oído suficiente.

Y dirigiéndose a todos nosotros prosiguió:

-                      Sé que haréis todo cuanto sea posible para salvar la Empresa, estudiad a fondo todas las posibles soluciones y contratad un buen abogado que nos pueda guiar en el difícil camino que vamos a emprender. Ahora creo que es mejor que suspendamos la sesión y la prosigamos la próxima semana y, a ser posible, en casa del abogado que decidáis. Será casi imprescindible la representación legal.

Sus palabras fueron proféticas.

Se levantó la reunión y sin mediar palabra alguna entre los asistentes, nos dirigimos a nuestras respectivas oficinas para recoger nuestros abrigos y marchar hacia nuestros domicilios.

 

 En la calle seguía lloviendo, aunque ahora  era una lluvia fina, que no molestaba, y que  refrescaba el ambiente, que casi se agradecía después de una sesión tan tensa y desagradable. El ver las calles relucientes por el agua y la agradable temperatura ayudaban a seguir con la mente metida en las cuestiones que nos habían sido tan crudamente planteadas.

Ni que decir tiene que nuestros pensamientos estaban ocupados en el estudio de las posibles respuestas a los problemas planteados así como a la agudización de la crisis de GREISMAN PLASTICA, S.A., sin olvidar el poco elegante y despreciable gesto de Don Jorge al querer sacudirse las pulgas de encima y cargar el mochuelo al señor Noval, quien, sinceramente, me había causado muy buena impresión y, que además, creo no tenía ninguna, o en todo caso, una mínima parte de culpa en lo sucedido.

Al llegar a casa y antes de subir a mi domicilio, me decidí a dar una vuelta a pié por las calles, había cesado de llover y el aire había quedado sorprendentemente limpio para la gran ciudad y era una delicia para los sentidos relajarse paseando unos minutos aspirando el aire, ya frío, de la noche, hasta que, cansado, decidí que era ya hora de dar por finalizada la jornada.

Al entrar en mi domicilio, mi esposa me preguntó como había ido la reunión y le expliqué sucintamente los hechos quedando muy sorprendida por la postura de Don Jorge ya que, a ella, le parecía que no era muy normal que un Director General y accionista mayoritario de la empresa, no tuviera, por lo menos la decencia de aceptar su culpabilidad y  reconocer su negligencia, que era lo que, a fin de cuentas, había llevado a la empresa a la situación tan delicada en que se hallaba.

Le respondí que, efectivamente era una postura muy cómoda pero que no olvidara que siempre había seguido este sistema de lanzar las culpas a los demás. Es un procedimiento que, si por alguna razón, hubiere colado, él habría quedado limpio de toda responsabilidad.

-                      Ya sabes proseguí que de Jorge, siempre hemos dicho que tiene “una flor en el culo” y, ciertamente, una vez más, se confirma este hecho ya que de una forma u otra, sus hermanos intentarás salvarlo y a nosotros nos tocará apechugar con lo que salga.

-                      Pero eso es algo debéis de cortar o, de lo contrario, vais a padecer vosotros por sus errores y negligencias y, Dios haga que no paguéis muy caro en Industrias Greis el intentar salvar a Jorge.

Estas palabras creo que, vistas con la pátina del tiempo, con el paso de los años, han resultado más una profecía que la expresión de un simple deseo de evitarme mayores males. Por desgracia. GREISMAN PLASTICA y sus problemas, fueron una de las causas principales que han llevado a Industrias Greis, S.A. a una situación límite de la que será muy difícil escapar.

 

 

 

 



[1] Letras de cambio falsas o auto-giradas

dimecres, 5 de setembre del 2012

NOVELA CAPITULO 4 (2ªPARTE)


Este suceso llevó consigo una reorganización y  nueva distribución del patrimonio de la familia y de las responsabilidades de cada uno de los miembros restantes. Don Joseph Greis distribuyó las propiedades de forma que cada uno de los hermanos recibiera su parte en función de aquello en lo que más había trabajado o intervenido y, en fin, para lo que nos importa en nuestro relato, puedo decir que Don Adolfo, pasó a detentar la mayoría absoluta de la empresa Industrias Greis, a la par que su hermano Joseph la tuvo en la industria que regentaba en aquellos momentos y que posteriormente tuvo que ser absorbida por Industrias Greis para evitar males mayores como se comentará más adelante.

Esta nueva Dirección de la Empresa trajo consigo que al frente de Industrias Greis, S. L., quedó una persona que no tenía ni la más mínima idea de lo que es la dirección de empresas, con un desconocimiento total y absoluto de lo que es un balance, una cuenta de explotación, un presupuesto de gastos, y, por ello, a expensas de lo que le presentaran sus colaboradores. Debo decir que tuvo la suerte de contar con algunos de estos colaboradores leales y honrados que intentaron, por todos los medios, llevar por buen camino la Empresa, pero, no siempre fue así y no siempre pudo hacerse así, ya que, en unas ocasiones por no querer complicarse la vida algunas personas se silenciaban hechos cruciales y, en otros casos, era el propio Don Adolfo quien no dejaba actuar por la desconfianza nacida de su falta de conocimientos administrativos,  contables o comerciales.

No obstante, como era una época de “vacas gordas”, todo podía ser disimulado y, realmente, parecía que no podía tener graves problemas para dirigir la sociedad, pero la realidad es que se iba minando la capacidad financiera de la empresa con inversiones de poca o nula rentabilidad; Lo cierto es que jamás se había intentado estudiar si una inversión, por buena que pareciera a primera vista, si lo era a la luz de los indispensables y pertinentes estudios económicos y financieros, si pudiese ser amortizada en un plazo más o menos lógico, y si diese una rentabilidad y un grado de beneficio aceptable. Solo se veía que era engrandecer la Empresa en cuanto a su capacidad de producción, para ello no solo era necesario vender más, era forzoso vender más y para ello abaratar los precios de venta (no los costes) y como que la inversión efectuada no era tan rentable como parecía a primera vista, aparecía la gran solución, se seguía la norma, se disminuían los precios de venta y se seguía la teoría de que al producirse más ventas los costes bajarían por si solos por el efecto de economía de escala, pero, con ello lo único que realmente se conseguía era cerrar el círculo vicioso que se había iniciado y seguir mermando los beneficios y seguir descapitalizando la Empresa.

Pero todo ello quedaba oculto por los “brillantes”  resultados que se presentaban al Consejo por parte del Director Administrativo – Comercial – Financiero Don J. M. Balduera, que es quien hasta finales de 1978, lleva, hasta cierto punto naturalmente (no hay que olvidar que existe un órgano que podríamos denominar Consejo de Dirección) y que, siempre, en definitiva, la última palabra la ha dicho Don Adolfo, aunque en algunas ocasiones haya intentado negarlo o disimularlo con la consabida frase “aquí actuamos y tomamos las decisiones en equipo” y, debo decir, que ello solo era cierto cuando las decisiones eran conforme a lo que él deseaba o creía que era lo correcto, pero en caso contrario el equipo no pintaba nada. Pero, como decía, la impresión era que las riendas del negocio estaban en manos de Balduera.

Unos años más tarde y por insistencia de otro de los “brillantes en bruto” de que se disponía en el seno del Consejo de Dirección, Don Antón Colomin, se efectuó una magnífica inversión con la creación de una empresa mixta Hispano-Tunecina, en TÚNEZ, esta empresa, a lo largo de los años, solo ha producido pérdidas para las Industrias Greis,  los Directivos tunecinos nos han tomado literalmente el pelo, ha sido una increíble añagaza por parte de los mismos, que nos han obligado a aceptar cambios de Directivos en la “filial”, sin que se pudiera saber a ciencia cierta quien tenía o podía tener la razón; cambios que obedecían, exclusivamente, a rencillas entre los socios tunecinos, a artimañas para embrollar los negocios, nos obligaban a realizar nuevas exportaciones de material sin haber recibido el importe de las anteriores porque así, según nos hacían creer, sería más fácil el pagar los atrasos ya que al disponer de mayor cantidad de material se podían generar más ventas que a su vez generarían los recursos necesarios para pagar los atrasos. Se nos obligó a aceptar que, por su parte, nos hicieran pagos en efectivo para eludir los pagos de las tasas de Aduanas y mejorar el negocio por parte de ellos.

Quisiera referir, a título de ejemplo,  alguno de los métodos utilizados por los “socios” en Túnez para evadir impuestos en su país y, al propio tiempo demorar al máximo, ocho, diez, doce, quince o más meses el pago de las facturas.

Esto lo conseguían, SIEMPRE A NUESTRAS ESPALDAS, Y NO TUVIMOS CONOCIMIENTO DE TALES PRACTICAS HASTA QUE LA BOLA SE CONVIRTIÓ EN ALUD, aunque no se les puede negar un gran ingenio, de la siguiente guisa:

Hacían coincidir dos envíos de material en los almacenes de la Aduana Tunecina y, al recibir las facturas, presentaban y declaraban SOLO UNA, naturalmente la de menor valor en dólares USA, pero la que contenía más materiales relacionados de productos de poco valor. Con ello y mediante la conocida técnica del “regalo bajo mano” o más claro de la propina que como sabemos es práctica habitual en tales países, conseguían despachar de Aduanas TODA LA MERCANCÍA la declarada y la no declarada, pero claro, quedaba un problema, al llegar al vencimiento de las facturas, solo había entrado legalmente en el país lo declarado en la factura de menos valor, la cual, con pequeñas demoras de cuatro a seis meses era abonada legalmente, pero... ¡ay! ... ¿Y la otra factura? La verdaderamente importante y de mayor valor, ésta no podía ser pagada, ya que TEÓRICAMENTE LA MERCANCÍA NO HABIA ENTRADO EN EL PAIS Y POR LO TANTO NO SE PODIAN CONSEGUIR LAS DIVISAS NECESARIAS PARA SU PAGO. Con ello se conseguían dos cosas buenas para los socios tunecinos:

No pagaban derechos de Aduana (con el consiguiente incremento de sus beneficios) y, además, demoraban hasta períodos de más de DOS AÑOS el pago de las facturas, con lo que los saldos de sus cuentas corrientes particulares estaban muy bien dotados a cargo de Industrias Greis, naturalmente.

A todo esto la estafa seguía; la realidad era que, a pesar de haber transferido legalmente la parte alícuota del capital social que correspondería a Industrias Greis para obtener el veinte por ciento acordado en los estatutos, los “socios” tunecinos se habían cuidado muy mucho de que no se pudiera hacer efectiva la sociedad.

 Me explicaré:

En el contrato que se firmó ante las Autoridades Económicas Tunecinas, figura una cláusula que es lo que llamaríamos “la madre del cordero”, efectivamente, para conceder el permiso de creación de una Empresa de Capital mixto Tunecino-Español, entre otras muchas condiciones, se indica: “Será condición inexcusable que el cincuenta por ciento de la producción sea exportado”. Esto parecía una cláusula sin ninguna importancia, una de esas condiciones sin trascendencia y que figuran en los contratos, más como salvaguardia que como algo realmente importante, es más, una limitación que parece sin sentido ya que se puede llegar al absurdo de que si en el primer ejercicio económico se fabricara una sola unidad, se debería exportar la mitad, es decir media unidad y, por el contrario si el mercado interior consumía y por lo tanto se fabricaban  dos millones de unidades, se deberían exportar un millón, lo cual es prácticamente imposible por la falta de capacidad de adquisión en los mercados exteriores a los que se dirige la exportación Tunecina.

Pero,  ¡Cuidado! Esta cláusula estaba en vigor ya que había sido aceptada y firmada en el conjunto del Documento-Contrato y por lo tanto, mientras no se cumpliera este requisito, Industrias Greis, no podría ser miembro de pleno derecho de la Sociedad mixta que se había creado.

Se puede observar la ineptitud,  ingenuidad, ignorancia o mala fe, con que se había llevado el tema por parte de los representantes de Industrias Greis, y las graves consecuencias que se derivaron de ello ya que:

-                      Se mantuvo durante mas de tres años un saldo prácticamente incobrable de cerca de treinta millones de pesetas.

-                      No se pudieron revisar, jamás, los balances de la Sociedad mixta por lo que únicamente se podían aceptar los datos comunicados verbalmente por parte de los socios Tunecinos.

-                      No se pudo obtener la repatriación del porcentaje de beneficios,  que como se apunta anteriormente y en función de los tejemanejes denunciados, eran muy considerables, que correspondía a la aportación del capital inicial.

-                      Se tuvieron serios problemas con las Autoridades Españolas ya que se habían percibido las correspondientes desgravaciones fiscales a la Exportación legalmente en vigor y, por el contrario, no se habían ingresado los cobros dimanantes de las exportaciones realizadas.

 

Pero... no rodaron cabezas, no se exigieron responsabilidades y los autores del desaguisado siguen perteneciendo a la Sociedad y percibiendo sus sustanciosos emolumentos.

 Esto es solo un pequeño ejemplo de los muchos desaciertos de la “Dirección en equipo” que decía haber implantado Don Adolfo. Y que llevarían a la Empresa por derroteros inimaginables.

divendres, 31 d’agost del 2012

NOVELA - CAPITULO 4 (1ª parte)


4

 

Los años que van desde el 1962 hasta el 1969 fueron de una gran actividad tanto comercial como fabril.  CON UN RITMO DE CRECIMIENTO TAN ESPECTACULAR QUE EN ALGUNOS EJERCICIOS  SE LLEGABA A DOBLAR LAS CIFRAS DE NEGOCIO.  Hay QUE TENER EN CUENTA QUE ERAN LOS AÑOS del inicio y la consiguiente expansión de la Televisión en España con una gran necesidad de instalación de antenas, tanto en cuanto se refiere a las instalaciones individuales como con el inicio de las pequeñas instalaciones comunitarias y ello comportaba la enorme demanda de la fabricación de las antenas y sus componentes. Eran días de euforia, se había salido de la recesión del Plan de Estabilización de 1959 y se estaba produciendo el gran despegue industrial y comercial de España, las tímidas aperturas políticas al exterior que permitían unas incipientes relaciones de comercio internacional, importaciones y exportaciones y que fueron bien aprovechadas por Industrias Greis, S.L. para consolidarse  y llegar a cuotas de mercado de enorme importancia para cualquier empresa (posteriormente se verá que no se aprovechó todo lo posible ya que los beneficios que se obtenían se veían considerablemente mermados por mor de las sangrías financieras que padecía la firma para cubrir las muchas necesidades extraordinarias, los excesivos stocks y las pérdidas por mala gestión de personas totalmente incapaces de gestionar los distintos negocios de la familia) y en esa dirección fueron las decisiones de ampliar la fábrica, con la construcción de un nuevo edificio adosado al antiguo y que ampliaba las distintas naves y los pisos en una tercera parte, la creación de una nuevas oficinas en Barcelona, en las que como los nuevos ricos, se hizo un alarde al estilo de las grandes multinacionales, con despachos acristalados con dobles paredes y dobles cristales, con instalaciones de acondicionamiento de aire, calefacción, salas de visitas, etc. Se llegó al extremo de que cualquier "jefecillo" de tercera o cuarta categoría disponía de su gran despacho, su gran mesa, butacones, etc. y, naturalmente lo tenían los principales directivos, con oficinas duplicadas, en la fábrica y en las oficinas de Barcelona. Es decir, se hizo un fuerte gasto e incluso algún que otro despilfarro, como fue, el comprar otro local anexo al primero, contiguo a las oficinas de Barcelona (estuvo sin utilizar, en absoluto para nada, durante más de dos años) y que, posteriormente se convirtió en la sede de otro de los "grandes" negocios de la familia, con pérdidas superiores en el año 1979 a los cuarenta millones de pesetas que fueron detectados y una cifra, difícil de calcular, y que yo estimo en otro tanto, en stocks no vendibles y obsoletos, facturas incobrables de clientes morosos, fallidos simplemente por no haber sido presentados al cobro en su vencimiento, además de la pérdida de imagen de la Empresa ya que, como siempre los negocios de cada uno de los hermanos siempre tenían relación los unos con los otros y, esto es lo peor, casi siempre debían ser rescatados económicamente por la casa madre.

A todo esto y para poder comprender la situación que se estaba incubando y que más tarde produciría efectos muy dañinos y graves a la Empresa, debo seguir relatando uno de los acontecimientos cruciales para la existencia de Industrias Greis y que a pesar de que fue totalmente fortuito y es innecesario decir que muy penoso y dramático para todos nosotros y que trastocó totalmente la estructura accionarial de la empresa y fue la causa del mal desenvolvimiento posterior de la Empresa.

Corría la Semana Santa del año 1969 y se producía un doloroso  suceso que, a mi entender, fue el desencadenante de una serie de errores que han llevado Industrias Greis hasta la situación actual.

En desgraciado y dramático accidente perecieron ahogados los hermanos Don Joan y Don Rodolfo Greis.

Mis recuerdos del suceso están aún,  a pesar de los años transcurridos, vivos en mi memoria y, antes que nada, quiero dedicar un muy sentido homenaje a ambos hermanos y en especial a Don Joan, que creo era una de esas pocas personas que puedes encontrar a lo largo de toda una vida de las que, con justicia, puedes enorgullecerte de haberlas conocido y de haber contado con su amistad. Una de esas figuras que no aparecen fácilmente, y que merecen el calificativo de MUY ESPECIALES, así con mayúsculas, tanto en lo referente a su capacidad para la dirección de la Empresa como en la faceta personal, gran persona, gran amigo. ¡Que enorme pérdida para todos!

Toda la Semana Santa se desenvolvió con un tiempo desapacible, ventoso, fuertes lluvias y se produjeron avenidas en los torrentes y riachuelos en casi todo el territorio, y ello convidaba más a volver a casa que a quedarse, lo que me indujo a anticipar, en unas horas el regreso.

Era el Lunes de Pascua, y después de haber pasado esos días de descanso junto con mi familia y unos primos, en la localidad de Solsona, a media tarde, llegaba a mi domicilio con todos los bártulos, paquetes, equipajes correspondientes a un matrimonio con dos hijas pequeñas; aún no me había despojado del anorak, cuando sonó el teléfono y mi esposa me lo pasó diciendo que llamaba un tal Sinera, a la sazón Inspector de Ventas de la Empresa.

- Sr. Jeroni, (su voz era entrecortada y terriblemente seria) ha ocurrido algo espantoso,  me suelta, así de sopetón ¡Han muerto los señores Joan y Rodolfo!.

- Pero señor Sinera, es increíble, terrible. ¿Qué ha pasado?

- Solo sé que han muerto ahogados. Estaban en la finca de Tarragona.

- Pero, por favor, dígame que ha pasado. ¿Ha sido al atravesar el torrente?

- No sé nada más. Si quiere puede llamar a su domicilio.

- Bien, gracias, ahora mismo llamaré. Adiós. Y colgué el auricular.

En aquel momento quedé sin habla, anonadado, hasta que pasados unos minutos  oí a mi esposa que me decía:

- Jeroni ¿que pasa?. Te has quedado con el semblante blanco. !Di¡¿Qué pasa?

Y reaccioné. Estaba llorando como una criatura.

Había perdido a un verdadero amigo y, más que a un Jefe, a un compañero de trabajo, con el que siempre nos habíamos entendido a la perfección y que, y esto es lo importante, era, como se demostró posteriormente, el único de los hermanos Greis que podía llevar a buen puerto la nave de Industrias Greis.

Sin perder más tiempo que el imprescindible para un cambio de atuendo, juntamente con mi esposa nos dirigimos a casa de Don Joseph Greis, para intentar conocer más detalles y ponernos a su total e incondicional disposición para cuanto pudiéramos hacer en su ayuda.

Tengo un amargo recuerdo de nuestra llegada al domicilio de Don Joseph, recibí una penosa impresión pues nos recibió una persona desconocida para mí y que, con muy poca o nula cortesía, nos impedía la entrada y nos negaba el paso para contactar con alguno de los hermanos Greis. En honor a la verdad, debo decir que era alguien que tenía muy poca representatividad pues, como supe más tarde, se trataba del esposo de una de las hijastras de Don Joseph. Después de muchos dimes y diretes le convencí para que, por lo menos avisara a la señora Greis.

Nos recibió en una salita y con la exquisita amabilidad y tacto que suelen demostrar personas de su gran categoría humana, con gran serenidad nos hizo saber las circunstancias en que se habían producido los luctuosos sucesos que habían concluido con el deceso de dos de los hijos de su esposo Don Joseph y que nos rogaba no insistiéramos en ver a su esposo ya que estaba muy emocionado por los acontecimientos y, además, había sufrido un accidente mientras esperaba con ansia la llegada de sus hijos y ante su tardanza, había caído y  sufrido un traumatismo en uno de los brazos, por lo que el médico le había suministrado un sedante y recomendado que descansara.

Nos relató que los hermanos Joan y Rodolfo, junto con su primo Robert, habían decidido pasar un día de pesca y para ello habían salido con el "Jeep" y después de cargados los aparejos de pesca, se dirigieron hacia una zona cercana de la costa para pasar un día de descanso y relajación y que por designios del destino se convirtió en el último de sus vidas.

Nos contaba su hermano Adolfo que era un día muy desagradable, ventoso y frío, en realidad toda la semana había hecho un tiempo muy desapacible con una meteorología más propia del norte de España que de la soleada Tarragona, con lluvia, frío, e incluso, nieve en las montañas. Llegados al lugar escogido se habían encaramado a unas rocas, que por efecto de la llovizna y las salpicaduras de las olas, ya que el mar estaba bastante alterado, estaban muy resbaladizas y como consecuencia de todo ello, al lanzar la caña Rodolfo resbaló y se precipitó al mar embravecido debido al temporal de levante que levantaba olas de mas de tres metros de altura. Su hermano Joan, viendo que pese a sus esfuerzos, no conseguía asirse de nuevo a las peñas y volver a izarse hasta lugar seguro, se despojó de algunas prendas y se lanzó al agua para ayudarle y entre los dos conseguir salir del trance en que se habían metido. Lamentablemente el estado de la mar no permitía el asirse a ningún saliente, las olas les empujaban una y otra vez contra la pared rocosa y sus esfuerzos más a conseguir agarrarse a algún saliente y, al propio tiempo, evitar que la fuerza del oleaje les lanzara y golpeara contra las rocas. Fueron unos pocos minutos de un terrible esfuerzo físico que pronto agotó sus fuerzas y que muy a pesar de Robert, que intentaba una y otra vez lanzarles el sedal de las otras cañas como si de un cabo se tratara y que les permitiera asirse a algo, pero, por desgracia todo fue inútil, la fuerte resaca les impelía mar adentro y pese a su enorme coraje, pese a que ambos eran buenos nadadores, la fuerza del agua y también la baja temperatura pudo con todas sus reservas físicas y su primo Robert, vio, con desesperación, como desaparecían sus cuerpos bajo el agua. Un hermano, por salvar al otro, caía en el mar y ambos fallecían sin remedio.

A Robert ya solo le quedaba la decisión de volver al "Jeep" y regresar a casa para trasmitir la trágica nueva.

Como si el destino quisiera hundir moralmente a Robert, al llegar al "Jeep" pudo ver que allí había una cuerda, lo suficientemente gruesa y larga como para haber sido lanzada al agua e intentar de forma más factible, el rescate de los desaparecidos entre las olas. El pobre hombre perdió, prácticamente la capacidad mental y durante bastantes meses tuvo que someterse a tratamiento psiquiátrico para llegar a salir de la depresión en que se hundió y que le costó años hasta llegar a mitigar el dolor de la tragedia que se había cernido sobre la familia y de la que había sido, no solo testigo y protagonista.

Al llegar a la casa solariega de los Greis, donde se hallaba reunida toda la familia, se encontró con un nuevo drama; D. Joseph con la angustia, la intranquilidad y el nerviosismo de la espera, había salido al jardín y debido a que si vista no era muy buena, había tropezado, caído y sufrido la rotura de un brazo, con lo que se añadía, al dolor moral el físico.

Ya la Guardia Civil había informado del accidente y se había iniciado la búsqueda de los cuerpos de los dos hermanos que habían desaparecido entre las turbulentas aguas del Mediterráneo, búsqueda que tuvo que ser abandonada hasta el día siguiente por la falta de luz.

Al día siguiente aparecieron los cuerpos en una cercana playa al lugar del accidente y pudieron ser cumplidos los dolorosos y desagradables trámites judiciales, levantamiento de los cadáveres por el Juez, identificación de los mismos en el depósito, así como la preparación de todos los trámites para la inhumación de los restos de los desgraciados hermanos.

Fueron sepultados en el cementerio del cercano pueblo de Riudoms con asistencia de las pocas personas de la familia, amigos y allegados que pudieron ser avisados ya que por tratarse de las fechas en que había sucedido era difícil el localizar a la gente.

En la empresa Industrias Greis, la noticia provocó una gran conmoción, pude observar a más de uno y más de dos personas, obreros, empleados, llorando por la muerte de uno de los hombres con una humanidad más grande que he conocido en toda mi vida. Se organizó un viaje en autocares y una caravana de coches particulares, al pueblo de Riudoms para celebrar una Misa funeral y la subsiguiente visita al Campo santo para rezar un responso por sus almas. Creo que fue una gran y emotiva manifestación de dolor que salía espontánea de lo más profundo del ser de todos y cada uno de los presentes.

 

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dijous, 23 d’agost del 2012

NOVELA - CAPITULO 3


 

3

 

Al iniciar la fabricación de toda la gama de antenas exteriores para televisión, se produce un nuevo hecho digno de la mayor consideración y, sin duda, de gran importancia en los acontecimientos posteriores. Es necesario crear una red comercial que abarque todo el país y no solo Barcelona y su provincia. Es imprescindible para la expansión de la Empresa el llegar a todos los rincones de España y, lógicamente, empezar por lo más cercano, es decir por Cataluña. Y, al propio tiempo, transformar TALLERES GREIS en una empresa algo mayor dotándola de los medios jurídicos precisos para tal empeño. Para ello se crea una sociedad limitada que se llamará TALLERES GREIS, S.L., con un reparto accionarial en tres tercios nominativamente a favor de:

D. Joseph Greis con un 33,33%

D. Joan Greis con un 33,33%

D. Adolfo Greis con un 33,33%

Forma jurídica en la que se constituyó la empresa y funcionó muy bien y durante muchos años.

Posteriormente se llega a un acuerdo para contratar al, hasta aquel momento, asesor fiscal y comercial, D. J.M. Balduera y se le encarga, como actividad prioritaria, la creación de la imprescindible red comercial. A ello se dedica con entusiasmo y con múltiples viajes, anuncios en prensa, entrevistas, crea una incipiente red de Representantes comerciales en las provincias que se considera son las de mayor capacidad adquisitiva y aquellas a las que llegaba la Televisión de acuerdo con el Plan Nacional de expansión de TVE. En aquella época, mi misión en la Empresa, era un tanto heterodoxa, dispersa, ya que en mis responsabilidades figuraban áreas tan dispares como la de Administración y Contabilidad, Dirección de Compras, e incluso pequeñas incursiones en el campo de las Ventas, llegando en algunas ocasiones a intervenir en cuestiones Técnico comerciales.

Como anécdota, un cierto día, los nuevos representantes de Navarra, se dirigen a nosotros indicando que en la vecina localidad de Estella, se celebra una Feria local, en la que tienen intención de exponer nuestros productos y que, por ello, verían con sumo agrado que un delegado de la firma asistiera a la inauguración y atendiera a los clientes. Bien, se planteó la incógnita. ¿A quién se podía enviar como Relaciones Públicas?, pues sin pensarlo mucho, se me envió para realizar este trabajo de embajador volante y me desplacé hasta esa bella localidad navarra, donde tuve que echar mano de todos mis recursos diplomáticos para evitar las consecuencias de la trampa que se escondía detrás de la invitación a la inauguración de la feria. Lo cierto es que lo que se pretendía era dejar constancia de una prueba de fuerza entre los componentes de la sociedad que nos  representaba en Navarra y el que, en realidad era nuestro representante y que residía en Guipúzcoa, posición que desde Barcelona se desconocía. El problema se solucionó a base de no dar pábulo a los comentarios de ninguna de las dos fuerzas enfrentadas, buena cara a todos los contendientes y, mediante las típicas conversaciones de pasillos, diluir las tensiones, aunar voluntades y, como consecuencia de todo ello convertir en un éxito lo que estaba destinado a un sonoro fracaso.

La exhibición fue un gran éxito comercial y de visitantes y se logró ya que nuestro stand era el único que había conseguido que se viera la televisión en directo  a pesar de que nuestra instalación no era la más espectacular pero sí fue la más práctica y lo que el público quería, en aquellas fechas, era tocar la realidad y eso se lo ofrecía la Empresa ALSI, lo que me produjo una sensación de alegría y orgullo de marca, pero, al propio tiempo me llevó a tener que dar explicaciones técnicas bastante superiores a mis rudimentarios conocimientos de la recepción de la televisión pero que, debido a que mis interlocutores tenían un nivel bastante inferior al mío, me permitió salir con bien del lance, obviar la encerrona y dejar sentadas unas bases que nos permitieron más tarde ser los líderes en aquel mercado.

En otra ocasión tuve que desplazarme a la hermosa ciudad de Granada, donde mi misión consistió en confirmar el nombramiento del nuevo Representante en la provincia y, al propio tiempo, aleccionar al mismo con los mínimos conocimientos técnicos de nuestros productos y adiestrarle en el cálculo técnico de una instalación de antena colectiva o comunitaria, atenuaciones de las líneas, ganancias necesarias, tipos de amplificadores precisos, cálculos en dB. etc. Por cierto que me invitó a comer una tortilla sacromonte que era una verdadera delicia para los sentidos.

Todo ello es, únicamente, una muestra de cuales eran, por aquel tiempo, mis tareas como Directivo de ALSI que abarcaban mucho más de lo que se acostumbra para cualquier persona que tenga a su cargo un área concreta dentro del organigrama de la Empresa. Pero ello me permitió adquirir una serie de conocimientos y experiencias de todo tipo, técnicas, comerciales, sociales que me han sido de gran utilidad en el desarrollo de mi vida en los años venideros.

Todo cuanto queda expresado trajo, como consecuencia, el que todos hacíamos de todo y por lo tanto tenia vigencia aquello de hombre de muchos oficios poco abarca y hubo que plantearse, muy seriamente, el delimitar las funciones de cada uno y crear un organigrama funcional de toda la Empresa que recogiera y ordenara las tareas de todos y cada uno de los distintos departamentos y cabezas visibles de los mismos sin interferir en las de los demás. Una de las primeras decisiones fue muy difícil para mí.

 Me explico: Un buen día los señores Don Adolfo, Don Joan y Don J. M. Balduera me citan para una comida de trabajo en la que deberemos tratar varios asuntos relacionados con el cargo que ocupo en la Empresa y llegando a los postres me hacen la siguiente propuesta:

D. Adolfo me plantea la siguiente cuestión:

- Jeroni, ¿A qué prefieres dedicarte además de la Dirección Administrativa? ¿A las ventas o bien al Departamento de Compras?

 Antes de que pudiera responder, Don Joan me dice:

- A  nosotros y en bien de la Empresa, consideramos que sería mejor que escogieses las Compras, pero, la decisión es solamente tuya.

Con ello, ya estaban jugando con mis sentimientos hacia la Empresa, hacia la persona de Don Joan ya que si entre ellos consideraban que, no por mis conocimientos o aptitudes, sino porque bajo su punto de vista era mejor así, mi capacidad de decisión quedaba muy mermada y por lo tanto debía escoger el Departamento de Compras ya que no podía, bajo ningún concepto, escoger otra cosa que aquella que me venía sutilmente predeterminada en la propia pregunta y en la observación de Don Joan.

Ellos sabían bien de mí, casi veneración, por Don Joan y que, por mi parte, sus propuestas eran siempre atendidas sin rechistar, por lo que jugaban sobre seguro y sabían de antemano cual sería mi respuesta.

Después de hacer mentalmente todas estas consideraciones y ver en sus rostros una cierta preocupación que no casaba muy bien con sus expectativas, respondí:

- A pesar de que mi inclinación natural es más acentuada hacia el campo de las Ventas, creo que para la Compañía, le seré más útil en la Dirección del Departamento de Compras y deje a Don J. M. Balduera todas las gestiones referentes a la Dirección Comercial y al área de Ventas.

Bien, en realidad mis palabras fueron algo distintas ya que dije:

"A mí nunca me ha gustado mucho viajar y si me quedo con la gestión de las ventas me veré obligado ha hacerlo por lo que prefiero las compras".

pero la respuesta real que estaba dando era la transcrita y así lo comprendieron mis interlocutores a pesar de que no lo comentaron.

Creo que, después de tantos años, aún resuena en mis oídos el suspiro de alivio que se escapó a todos los presentes al oír mi respuesta, lo que confirma mi opinión de que, como siempre, seguían jugando con todos nosotros y, además, con ello conseguían una lealtad  incondicional y a toda prueba, y ello siguió existiendo a lo largo de los años y no solo a los altos niveles de Dirección sino a niveles mucho menos encumbrados pero necesarios para sentirse mas seguros en sus decisiones.

Aún hoy me encuentro antiguos empleados de la Empresa que me comentan:

- Sí, es cierto que las cosas van muy mal, pero claro es que, si les dejo y voy a otra Empresa Don Adolfo tendría un disgusto y, después de tantos años... ya me lo pensaré...

Es un fenómeno muy difícil de analizar y que yo lo he bautizado como el "síndrome Greis", y que se produce como respuesta a cualquier situación más o menos difícil; cuando es necesario tomar una decisión drástica. Yo puedo hablar del tema con toda propiedad ya que he sufrido en mis carnes y aceptado las consecuencias de este "síndrome".

Hay una frase que me dijeron en las fechas de mi cese y que me ha hecho recapacitar sobre muchas de las cosas que acontecieron en estos largos años y es la siguiente:

Creo que, entre todos, hemos hecho mejor de lo que es a Adolfo y él se lo ha creído

Y, esta frase es de alguien de quien no se puede dudar de su afecto, cariño y lealtad hacia la persona de Don Adolfo y es que, es cierto, entre todos los que componíamos, ya en aquel entonces la Empresa, nos esforzábamos, como algo que era incontestable, en mejorar la imagen, tanto de Don Joan como de Don Adolfo, aunque Don Joan no lo precisaba. Esta es una cuestión que debe ser tenida muy en cuenta, a lo largo de todo mi relato, para poder analizar y comprender muchos de los acontecimientos que ocurrieron en la Sociedad.

A partir de aquel momento me convertí en el flamante Jefe de Compras, (hay que tener en cuenta que, en aquellos tiempos y en una empresa familiar, para dar un título a cualquier persona que reflejara la realidad del cargo, como hubiera sido el de Director de Compras, era algo casi impensable, ya que, a juicio de los dueños de la empresa, podría haber significado un aumento del ego del individuo y con ello una reclamación de mayor salario) mis atribuciones pasaron a ser las del Director de Compras, pero, como siempre, con las limitaciones que supone el que no dispongas de poderes notariales que respalden tus acciones.

Mis primeros pasos de dirigieron a la creación del necesario Departamento de Compras, con el fichaje de un "segundo" y una secretaria. La adquisición y de un equipo de telex y su contratación, la ubicación de la oficina y el montaje de la misma. Todo ello comportaba un gran esfuerzo personal ya que iba acompañado de la necesidad de seguir con el ritmo de las necesidades de la Empresa y, al propio tiempo, de la creación del Departamento. Fue difícil y adoleció de un defecto capital que posteriormente ha pesado como una losa sobre el Departamento, incluso después de que dejara de estar a mi cargo. Esa pesada losa era que nunca conseguí una verdadera autonomía en las decisiones, ni que el Departamento de Producción a través de su oficina de programación preparase debidamente las necesidades de materias primas, piezas, componentes, etc. con la suficiente antelación que nos 'permitiera llevar a cabo una labor moderna y eficaz.

El Departamento de Producción se quejaba siempre de roturas de stocks, cosa que era cierta, pero en lugar de intentar averiguar de donde provenía la causa, una pésima programación, era más fácil presionar para una mayor adquisición de productos aunque ello comportara un exceso de stocks y se llegara a extremos de disponer de primeras materias suficientes para la producción de más de un año y en cambio no disponer de un elemento determinado que impedía la fabricación del producto. Todo ello llevó a un incremento de los costos y a la inmovilización de activos financieros que cuando se llegó a la época de las dificultades económicas fueron determinantes, pero que en aquellos momentos apenas se notaban aunque fueron un magnífico caldo de cultivo para los problemas que explotaron algo más tarde.

Realmente estos fueron dos lastres que ha sufrido la Empresa desde casi sus inicios, aunque creo que uno es consecuencia del otro ya que las dificultades financieras no deberían de estar presentes en una Empresa que, en palabras de su Director Comercial J.M. Balduera, "no podía tener estadísticas de ventas ya que únicamente reflejaban la producción, pues se vendía todo lo que se fabricaba y siempre quedaban pedidos pendientes con plazos de entrega de dos y tres meses." Por lo tanto las dificultades financieras no podían provenir más que de tres causas:

a) Los márgenes de beneficios sobre ventas cada vez eran menores.

b) Una deficiente programación que obligaba a almacenar un exceso de primeras materias y de componentes,

c) Financiación de actividades extra-empresa que no tenían, en principio, nada que ver con Industrias Greis, pero que iban socavando su fortaleza económica.

Analizaremos someramente estas causas:

Los márgenes de beneficios en aquella época permitían que los Sres. Greis financiaran las pérdidas de los negocios particulares de sus hermanos y de su padre en sus fincas agrícolas y ganaderas, con cifras anuales de más de seis millones de pesetas (hablamos de la década de 1963 a 1973), cifras muy considerables que en el año 1986 equivaldrían al importe del promedio de ventas brutas mensuales. También permitieron crear una nueva empresa para otro de los hermanos que fue financiada íntegramente por Industrias Greis, con un valor de aportación inicial de cinco millones de pesetas de la época, para que el señor tuviera en que entretenerse ya que lo habían despedido de su trabajo por vago, aunque se disimulara con otros motivos que no viene al caso. Tales cifras son muy importantes, pero son totalmente ciertas y ello, forzosamente nos lleva a considerar que los márgenes de beneficios de la época eran muy altos, y me atrevería a decir que no solamente eran altos sino que eran extraordinariamente altos.

A todo ello hay que añadir que la política de los dirigentes de la parte fabril estaba muy lejos de practicar el ahorro y sí, en cambio, era mucho más fácil disponer de un gran sobrante de materias primas y componentes ya que así, cuando se producía una rotura de stocks, no tenían problemas para dar trabajo al personal, simplemente se cambiaba el tipo de producto a fabricar y en paz. Con ello se iban almacenando piezas y productos semi-elaborados que iban menguando la capacidad  y la disponibilidad de liquidez  y, como veremos más adelante, fueron causas de gravísimos problemas de todo tipo, social, financiero, comercial, etc.

No obstante, se conseguían verdaderos éxitos en las ventas, con crecimientos espectaculares, índices de crecimiento del orden del 40% al 60% anual, una penetración en el mercado nacional que llegó a cifrarse entre un 25% y un 30%, y todo ello disimulaba y tapaba todos los defectos que pudieran haber en la infraestructura de la industria, y mientras fuera posible seguir con los enormes gastos en ayudas a quienes no tenían, teóricamente, nada que ver con la Empresa, salvo su relación de parentesco, mientras fuera posible pagar comisiones de venta a ciertos altos ejecutivos entre los que, evidentemente no estaba incluido, si había que negar la posibilidad de entregar y estudiar los Balances, se daba como excusa que no había sido posible obtenerlos a tiempo por falta de suficiente personal administrativo, o bien se prometían para la semana próxima y no llegaba nunca esa semana... Y, lo que es peor, sin que el máximo dirigente de la Empresa pusiera coto a tales desmanes y si, en cambio, cerrara los ojos y participara económicamente de ellos.

Siempre se había afirmado que en Industrias Greis, S.L. los accionistas no repartían dividendos. Ello es total y absolutamente cierto, pero... Como siempre hay un pero; ¿No deberíamos considerar como reparto de beneficios las cantidades que se destinaban a sufragar las pérdidas de otros negocios de la familia que, tal como ha quedado reflejado anteriormente eran muy cuantiosos en sus importes?. O bien, ¿No podemos considerar como reparto de dividendos la compra de las viviendas de dos de los principales accionistas al contraer matrimonio?. Creo que esto formaba parte del mito que yo también contribuí a crear alrededor de los componentes de la familia Greis y, especialmente, como aureola de quien, al fallecer Don Joan Greis, más necesitaba esta imagen de buena persona, ya que no la podía tener como ejecutivo de alto nivel.
Lo cierto es que se repartían beneficios, no por la vía normal de la asignación de dividendos en función del capital, pero sí por otros caminos que fiscalmente no eran muy ortodoxos pero si eficaces y que permitían que la Empresa y, especialmente su Cúpula aparecieran como ejemplares tanto ante los ojos de sus empleados como a los de las instituciones patronales.